Fútbol

 Por Sam Dobniewski

 Es un mundo difícil para los clubes de fútbol en América del Sur. La falta de dinero y de instalaciones son sólo dos de las razones, además de la política y los conflictos internos. Tanto es así que el fútbol en este continente no puede llegar a niveles más avanzados. En lugar de eso, permanece al mismo nivel en que se encontraba Europa en los ’80, incluso con estadios subdesarrollados que no se han cuidado apropiadamente, tableros de puntaje de plástico y viejas terrazas con alambre de púas.         

 El mayor problema es la falta de inversión. No sólo evita que los clubes se desarrollen, sino que además implica que cada señal de talento joven se encuentra rápidamente en un avión hacia un club europeo de alto nivel.

¿Y quién puede culparlos? Mejores salarios, mejores instalaciones y una oportunidad de forjarse una fama internacional. Resulta cruel para todos los clubes, pero especialmente para Boca Juniors y River Plate, que han hecho tanto en los últimos años para hacer formar jóvenes jugadores… sólo para que se los arrebataran al minuto de haber alcanzado la madurez. Tristemente, es sólo otra frustración que los hinchas  se ven forzados a sufrir.

En la última década, jugadores como Hernán Crespo, Lionel Messi y Carlos Tevez son sólo unos pocos de los excelentes jugadores que se han mudado de América del Sur a Europa siendo aún jóvenes. La última estrella en el avión a Europa es el arquero de River Plate,  Juan Pablo Carrizo quien, en julio de 2008, firmó con el bando italiano Lazio, por £5m (25 millones pesos). Otro golpe para los entusiastas, pero el dinero ayudará a asegurar que el club, al menos, se mantenga a flote.

Gracias a Dios, hay una cosa que el dinero no se puede llevar: La pasión sin reservas de los fanáticos del fútbol. Globos, fuegos artificiales, bengalas y confetti son sólo unos pocos ingredientes que encontrará en La Bombonera (Boca) o El Monumental (River) en un  día de partido. El rugido, las pisadas que hacen temblar el suelo, y los cánticos apasionados que nunca terminan en las tribunas hacen más que compensar por la carencia de poder financiero. Los fanáticos argentinos, como hinchas del mundo en vías de desarrollo, no son más que fanáticos, vociferantes y leales.

Lamentablemente, el fútbol en Argentina suele estropearse con escenas de violencia, que opacan los eventos en la cancha. Quienes lo apoyan son reconocidos por su sobre-excitación, que da lugar a disturbios y peleas (a veces entre hinchas de un mismo club). Los ataques provocados no están siempre relacionados con el fútbol, sino que pueden asociarse a clase social y dinero. Este es un factor clave para entender por qué el odio entre Boca y River es tan marcado: Se suele referir a los fanáticos de Boca, en la zona sur de la ciudad, como de clase trabajadora, mientras que los de River son conocidos como “Los Millonarios”, que viven en el distrito de Núñez, zona que es vista como de clase media-alta.

El Superclásico Boca y River a veces se traduce como “los ricos vs. Los pobres”. Cuando los dos se encuentran, se puede sentir la atmósfera más hostil del mundo futbolístico. Noventa minutos de sangre, sudor y pasión.

Las calles de Buenos Aires y los suburbios están desiertos, mientras que todos los restaurantes, bares y cafés con televisión están que estallan.

La rivalidad Boca y River, históricamente provoca discusiones meses antes de cada encuentro, con hinchas y turistas que pelean y compran tickets de reventa a precios muy altos, definiendo así lo que muchos se afanan en llamar la rivalidad más apasionada y cautivadora del mundo.


 
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